
Chat de Nucia, la
Naziha, «delicioso», llamaban los árabes a La Nucía: un promontorio de nísperos y almendros con el mar de Altea enfrente y Benidorm a ocho kilómetros.
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El nombre viene del árabe Naziha, «delicioso», y el sitio le da la razón: un promontorio a 226 metros con vistas al Mediterráneo, un valle de frutales alrededor y Benidorm a ocho kilómetros. La Nucía fue una alquería que Jaime I donó en 1271 a Beltrán de Bellpuig, luego formó parte de la baronía de Polop y no se constituyó en municipio independiente hasta 1705. En las zonas altas siguen mandando el almendro y el olivo; abajo, en el valle, los cítricos, el níspero y el caqui, aunque el turismo residencial de chalés lleva décadas comiéndose terreno.
La demografía del pueblo es una montaña rusa: 4.998 habitantes en 1845, apenas 1.493 en 1922 después de que media Nucía emigrara a Argel y Orán, 3.419 en 1981 y más de 19.000 hoy.
Cómo entrar
Se entra con un apodo y poco más; ni correo ni contraseña. La sala está abierta a cualquier hora, así que da igual que escribas desde el casco, desde El Tosal, desde Coloma o desde Bello Horizonte.
San Rafael, patrón de los caminantes
En pleno casco urbano, rodeada de cipreses, está la ermita de San Rafael, terminada en 1888 en su emplazamiento actual: la anterior se derribó para abrir la carretera. Dentro hay una imagen del santo obra de José María Ponsoda, imaginero valenciano de la posguerra, con una particularidad que la distingue: va vestida de peregrino compostelano, porque La Nucía era sitio de paso hacia las tierras del interior. Sus fiestas caen el tercer domingo de noviembre. Las mayores son otras: empiezan el 14 de agosto, en honor a la Virgen de la Asunción y a San Roque, y en la mesa aparecen las pelotas de maíz, la coca dolça y los pastissets de moniato.
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