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El Balcón de Andalucía: desde el cerro de San Cristóbal, a 604 metros, se ven en días claros Sevilla, Córdoba y hasta las cumbres de Sierra Nevada.

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A Estepa la llaman el Balcón de Andalucía y no es una frase de folleto: la ciudad nació arriba, en el cerro de San Cristóbal, y desde allí se divisan en días claros Sevilla, Córdoba, Málaga e incluso Sierra Nevada. Debajo del mirador está lo que de verdad mueve el pueblo: los obradores de dulce navideño, que concentran su producción de mantecados y polvorones en las semanas previas a la Navidad, y el aceite de la comarca, amparado por la Denominación de Origen Protegida Estepa.

La historia viene de largo. Aquí estuvo la Ostippo romana, donde se cruzaban varios caminos; Fernando III la conquistó en 1241, siete años antes que Sevilla, y en 1886 la reina regente María Cristina le concedió el título de ciudad. En 1965 el conjunto fue declarado histórico-artístico. La patrona, la Virgen de la Asunción, es Alcaldesa Perpetua de Estepa por su intercesión durante el terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1775.

Cómo entrar

La sala de Estepa está abierta todo el año, también en plena campaña de horno. Se elige un apodo, se entra y se habla; no hay que registrarse ni dar un correo, y quien prefiera leer primero puede hacerlo sin decir palabra.

¿Quid Ultra?

El escudo estepeño lleva el lema «Ostippo ¿Quid Ultra?», adoptado en cabildo el 27 de julio de 1676, y es el único escudo de España con un signo de interrogación escrito: «¿Qué más que Estepa?». La pregunta le va bien a un municipio raro en su geografía, porque no tiene ni un solo río en todo el término. El agua sale de pozos y manantiales —el núcleo se abastece de la fuente de Santiago—, y los sondeos se intensificaron a mediados del siglo XX ante la necesidad de regar el olivar. Arriba, la sierra de Becerrero pasa de los 840 metros; abajo, la campiña baja suavemente hacia el Guadalquivir.

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