
Chat de Cantillana
Está en el ángulo donde el Viar desemboca en el Guadalquivir, y su Torre del Reloj es lo que queda del alcázar que vigilaba el camino de Córdoba a Sevilla.
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Cantillana ocupa el ángulo en el que el Viar entrega sus aguas al Guadalquivir, en plena Vega Alta, con Sierra Morena asomando por el norte. El suelo arcilloso hizo que el río se fuera comiendo la orilla hasta dibujar la enorme curva que describe a su paso por la villa; en el siglo XIX, aprovechando una riada, la compañía del Guadalquivir practicó una corta y la corriente abandonó su cauce primitivo. El Viar, que nace en la sierra de Tentudía, cerca de Monesterio (Badajoz), viene a morir a las puertas del pueblo.
Del pasado defensivo queda más de lo que parece. Hay lienzos de muralla árabe embutidos en las medianeras de las casas del vecindario, y sobre todo la Torre del Reloj, resto de la fortaleza que desde el siglo XII controlaba la ruta de Córdoba a Sevilla por el río y que en el XIX se remató con una espadaña para las campanas del reloj. El callejero irregular de esa zona delata la ciudad medieval amurallada que fue conquistada en 1247.
Cómo entrar
A la sala de Cantillana se entra sin más trámite que elegir un apodo: ni registro, ni correo, ni contraseña. Está abierta a todas horas, y se puede leer la conversación un rato antes de decir nada.
Ocaña, el hospital y las ermitas
El patrimonio cantillanero mezcla siglos con soltura. La iglesia parroquial de la Asunción es del XVI y se levantó gracias al patronato de los Condes de Cantillana. Del Hospital de Todos los Santos queda la vieja sala de hospedaje, arquitectura popular del XV-XVI, hoy sala de exposiciones municipal. Del antiguo convento franciscano sólo restan algunas partes del recinto y una capilla, que acoge el Centro de Interpretación de la Obra de Ocaña. Y la ermita de la Divina Pastora de las Almas, la más joven, se empezó en febrero de 1957 con proyecto del arquitecto sevillano Aurelio Gómez Millán.
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Alcalá de Guadaíra