
Chat de A Guarda
Donde el Miño se acaba y empieza el Atlántico: el monte de Santa Tecla (314 m), su castro y el ferry a Caminha marcan la vida de A Guarda.
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A Guarda está en el extremo suroeste de la provincia, con Portugal enfrente al otro lado del Miño y el Atlántico a la espalda. Todo el municipio mira hacia arriba, al monte de Santa Tecla, 314 metros desde los que se ven a la vez la desembocadura del río, el océano y los montes portugueses. En su ladera está el castro que le dio fama: ocupado entre el siglo I a. C. y el I d. C., es una de las muestras más señaladas de la cultura galaico-romana en Galicia, aunque no es el único, porque el término tiene además los castros de A Forca, O Castro y A Bandeira.
Ese cruce de agua dulce y salada da también un fenómeno raro en las playas de O Muíño y A Lamiña, en la propia desembocadura: cuando sube la marea son de agua salada y cuando baja, de agua dulce. Frías, eso sí. Área Grande y Fedorento, ya abiertas al mar, son de agua salada sin trampa.
Cómo entrar
Se entra como se cruza el Miño en el transbordador a Caminha: sin papeleo. Eliges un nombre, pulsas y ya estás dentro de la sala de A Guarda, gratis y sin registro.
Una villa de frontera y de mar
La historia de A Guarda se explica por su sitio. Los cistercienses de Oya la tuvieron bajo su amparo desde el siglo XII y dejaron constancia documental de una vida comercial próspera; de aquella época viene su trazado de villa marinera, con murallas en triángulo, un lado hacia el mar y la iglesia en el vértice opuesto, como en Baiona o Noia. Frontera, puerto y monte: los tres asuntos que aquí no se agotan nunca en una conversación.
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