
Chat de Alberic
Joanot Martorell firmó aquí una carta de desafío a muerte, y Pedro IV hizo beber a los sublevados el metal fundido de las campanas que los convocaron.
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Alberic se extiende entre la margen izquierda del Júcar y la Acequia Real, en un llano de la Ribera Alta que solo se alza por el oeste, con las primeras estribaciones de la sierra de Tous, y por el sur, donde la Loma Llarga hace de límite con Gabarda. Su historia es una cadena de señores que compran y venden el señorío, y algún episodio se recuerda por su crudeza: Jaume de Romaní, señor de Alberic, tomó parte activa en la insurrección contra Pedro IV y acabó decapitado; a los que se sublevaron con él, el rey los ajustició haciéndoles beber el líquido de fundir las campanas con las que habían sido convocados.
Otro de aquellos señores, Lluís Cornell, era muy amigo de Joanot Martorell, y se conserva la carta que el autor firmó en Alberique retando a duelo a muerte a Gonzalbo de Ixer.
Cómo entrar
Entrar en la sala se parece a cruzar un portal del casco viejo: sin llamar y sin papeleo. Pones un nombre, pasas, y ahí hay gente de Alberic y de la comarca.
De la mezquita a San Lorenzo
El cardenal Mendoza compró Alberique con la mediación del financiero Luis de Santángel y repobló la villa con musulmanes traídos de Granada, levantando más de cien casas nuevas. Por eso, cuando estalló la revuelta de las Germanías, los agermanados llegados de Alcira y Játiva atacaron el pueblo y fueron los vasallos musulmanes quienes lo defendieron; luego se les obligó a bautizarse y la mezquita pasó a ser la iglesia de San Lorenzo. El 26 de octubre de 1609 fueron expulsados desde el puerto de Denia 3.406 moriscos de Alberique con destino a Orán. La reincorporación a la Corona tardó en llegar hasta 1802, y hubo que pagarla.
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