
Chat de Ripoll
Donde el Freser entra en el Ter, a 691 metros, con el monasterio de Wifredo el Velloso y una tradición de forja que dio nombre a sus pistolas.
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Ripoll se explica desde su monasterio. Santa María, mandado construir por Wifredo el Velloso en el 888, fue durante la Edad Media un centro cultural de primer orden: en su scriptorium se copiaron manuscritos entre los siglos X y XII, y de allí salieron tres Biblias que hoy están en el Vaticano. De aquel gran conjunto se conservan el pórtico del siglo XI, con pasajes bíblicos esculpidos, y un claustro románico de doble planta poco común. Lo que se ve hoy es en buena medida la restauración de finales del XIX, después de que el terremoto y las guerras carlistas dejaran la villa arrasada. De ahí lo del "bressol de Catalunya".
La otra Ripoll es la del hierro. Aquí se forjaron clavos, rejas y armas de fuego —las pistolas de Ripoll tienen su propia colección en el Museo Etnográfico, instalado en la casa señorial de Can Budallés—, y la Farga Palau sigue en pie como uno de los últimos testimonios de la farga catalana de los siglos XVII y XVIII. En el XIX el textil aprovechó las aguas del Ter, y después llegó el ferrocarril.
Cómo entrar
Entrar cuesta menos que subir a la villa desde el valle: un apodo, un clic y ya estás dentro. Ni registro, ni datos, ni cuota.
San Eudaldo y la Llana
La fiesta mayor cae el 11 y el 12 de mayo, en honor a San Eudaldo, y el domingo siguiente llega la Fiesta Nacional de la Llana i Casament a Pagès, la cita que trae más gente de fuera. El resto del año la comarca marca el ritmo: capital del Ripollés, cruce de las N-260 hacia Olot y Puigcerdá, y estación de la R3, la línea que sube hasta Latour-de-Carol. Ese patrimonio ferroviario —estación neorrománica, placa giratoria, talleres— es hoy también parte de la Ruta del Ferro.
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