
Chat de Artà
El pueblo del Llevant mallorquín que se libró del turismo de masas: Ses Païsses, el recinto amurallado de San Salvador y unos Sant Antoni con demonios y foguerons.
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Artà se levanta en el fondo de un amplio valle del Llevant mallorquín, a 154 metros de altitud, dominado por el recinto amurallado de San Salvador y por la iglesia gótica de la Transfiguración del Señor. A las afueras está el poblado talayótico de Ses Païsses, y camino de Palma queda el monasterio de Santa María de Bellpuig, datado en la conquista de Jaime I en el siglo XIII. En época musulmana, la península de Artà —Yartan— era uno de los trece distritos en que se dividía Mallorca, e incluía lo que hoy son Capdepera y Son Servera, que no se segregaron hasta el siglo XIX. La villa se llamó Almudaina hasta el siglo XV: Artà era el nombre del distrito entero.
En 1820 la peste bubónica causó aquí más de 1.200 víctimas. A finales del XIX, con las tierras todavía repartidas entre unos pocos terratenientes, la manufactura del palmito —mano de obra sobre todo femenina— era el complemento indispensable con el que subsistían muchas familias payesas. En 1880, la parcelación de la posesión de Ferruch dio origen a la Colonia de San Pedro, hoy el segundo núcleo del municipio. El tren que unía Artà con Manacor se inauguró en 1921 y dejó de circular en 1977.
Cómo entrar
En Artà las cosas se hacen sin demasiado protocolo, y aquí igual: eliges un nombre, entras y ya estás dentro. Ni registro, ni correo, ni contraseña que recordar.
Sant Antoni, foguerons y demonios
Al quedar en buena medida al margen del impacto turístico, el pueblo conservó su calendario entero: San Antonio, el 16 y 17 de enero, con sus demonios y sus foguerons; los Cavallets; San Salvador; San Pedro. Con las fiestas siguen vivos el bordado mallorquín, la artesanía de palma y una cocina de panades, robiols y sobrasada. En la comarca se tiene a Artà por pueblo fiestero, y participar —respetando la tradición— es cosa seria.
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