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Los árabes lo llamaron Yabal Al Uyum, «Monte de las Fuentes». Cervantes dedicó el primer Quijote a su marqués y aquí abrió Mahou su primera fábrica fuera de Madrid.

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Los olontenses viven en un término enorme, 328 km² a once kilómetros de Huelva, con restos que arrancan en el Paleolítico: de la sierra de la Calvilla salieron algunas de las piezas líticas más antiguas de la provincia, hoy en el Museo Arqueológico de Huelva. El nombre viene del árabe Yabal Al Uyum, «Monte de las Fuentes», y de aquella etapa quedan los restos del castillo que aún preside el pueblo, levantado cuando se hundió el poder califal en el siglo XI. Con la conquista cristiana de 1262 el concejo recibió amplios privilegios y creció deprisa en los siglos XIV y XV.

En 1530 Carlos I elevó a marquesado el señorío de los Zúñiga, y ese marqués es el mismo al que Miguel de Cervantes dedicó, buscando mecenas, la primera parte del Quijote publicada en 1605.

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Se entra como se entra a una feria: sin invitación. Eliges apodo, escribes y ya estás dentro, sin registro ni correo. Sirve tanto para charlar un rato como para preguntar por gente del pueblo.

Ferias, trenes y una fábrica de cerveza

Gibraleón tiene una de las ferias ganaderas más antiguas de España, herencia de las dehesas que ocupaban buena parte del término; hoy la ganadería pesa mucho menos y los animales han perdido protagonismo en la feria. El ferrocarril llegó por partida doble: en 1871 el trazado minero de Tharsis, con su estación de Fuente Salada, y en 1889 la línea Zafra-Huelva, con recinto propio en el pueblo. Y un dato que sorprende a quien no es de aquí: en 1902 se instaló en Gibraleón la primera fábrica de Mahou fuera de Madrid, que acabó cerrando en 1914.

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