
Chat de Fernán-Núñez
El terremoto de Lisboa arruinó su castillo y de ahí salió el palacio ducal neoclásico que hoy preside el pueblo, en plena Campiña Sur.
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El pueblo lleva el nombre de un hombre: Fernán Núñez de Témez, capitán de Fernando III, que en 1240 se apoderó de la torre defensiva musulmana de Abenhana y le puso su apellido. Aquella torre no desapareció; quedó absorbida primero por el castillo que se levantó en 1385 y sus restos siguen siendo visibles, integrados en el palacio ducal. Porque cuando el terremoto de Lisboa de 1755 dejó el castillo hecho una ruina, Carlos José Gutiérrez de los Ríos —un ilustrado de manual, embajador y continuador de las políticas sociales que su abuelo había iniciado en 1662— decidió no reconstruirlo, sino levantar en su lugar un palacio neoclásico. Ese es hoy el edificio que ordena el casco, junto a la iglesia barroca de Santa Marina de Aguas Santas, patrona de la villa.
Antes de todo eso, estas lomas pertenecían al territorio de Ulia, la ciudad ibero-romana que llegó a acuñar moneda y que apoyó a Julio César contra los pompeyanos hasta la batalla de Munda. Por esa fidelidad se ganó el sobrenombre de Ulia Fidentia.
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Campiña, trigo y Montilla-Moriles
Fernán Núñez está en una de las zonas más calurosas de España, con veranos de más de 40 grados e inviernos que rozan los cero. El paisaje es de lomas suaves y suelo muy fértil, dedicado sobre todo a trigo, girasol y algo de olivar; parte de sus viñedos entran en la denominación de origen Montilla-Moriles. El único regadío del término está en las Huertas del Duque, donde nace el arroyo Ventogil, y allí se dan las frutas y las hortalizas.
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Aguilar de la Frontera