
Chat de El Molar
A 850 metros, en el camino de Somosierra: El Molar nació de cuatro poblados de pastores y presume de sus aguas sulfurosas.
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El Molar está a más de 850 metros, en las faldas de la Sierra Norte, y eso se nota: heladas nocturnas habituales, nieve con cierta frecuencia y veranos en los que la temperatura puede caer veinte grados de la tarde a la madrugada. La población nació de cuatro poblados medievales —Aristón, Casas Viejas, Valdelarría y la Mola—, y fue el último, la Mola, el que acabó dando nombre a todo. Los primeros pobladores fueron pastores segovianos que cruzaron el sistema Central buscando pastos.
Dependió de Talamanca hasta 1564, cuando Felipe II le concedió el villazgo. Aún en 1753, con el Catastro de Ensenada, pertenecía al señorío de Veroiz dentro de la provincia de Guadalajara: no se incorporó a Madrid hasta la división provincial del siglo XIX.
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La Fuente del Toro y el camino de Somosierra
Estar en el camino hacia el puerto de Somosierra —el paso que comunica Madrid con el norte— le trajo al pueblo tanto tráfico como problemas. En 1710, durante la Guerra de Sucesión, los ejércitos ingleses que apoyaban al archiduque Carlos arrasaron la localidad. En 1823 fue sede del cuartel general del ejército constitucional que intentó frenar a los Cien Mil Hijos de San Luis, y en la guerra civil quedó pegado al frente de la Sierra Norte, con bombardeos incluidos. En medio de todo eso, en los siglos XVIII y XIX El Molar se hizo célebre por otra cosa mucho más amable: el manantial de aguas sulfurosas de la Fuente del Toro, al que se atribuían propiedades medicinales.
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