
Chat de Calella
En los setenta la llamaban Calella de los Alemanes y triplicaba su población en verano; hoy tiene un Museo del Turismo que explica por qué.
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Pocas ciudades del Maresme se han jugado tanto al turismo como esta. Entre los años setenta y mediados de los noventa, Calella era destino fijo de alemanes, neerlandeses, daneses, ingleses y franceses, tantos que en temporada alta la población llegaba a triplicarse y en media Europa se la conocía como "Calella de los Alemanes". Esa historia no se ha escondido: desde enero de 2016 el municipio alberga el Museo del Turismo, un espacio dedicado a explicar cómo el fenómeno turístico transformó el mundo, y de paso este trozo de costa.
Debajo de los hoteles hay una ciudad con casi 650 años de historia. Los restos más antiguos son los de una villa romana en el cerro del Roser, cerca del hospital, y el vecindario de Capaspre aparece documentado ya en el siglo XI, cuando dependía del señor del castillo de Montpalau y era poco más que unas masías con una capilla. La riera de Calella baja del nordeste, forma el valle de Guli y separa el casco antiguo de la zona hotelera.
Entrar sin pasar por recepción
Aquí hay camas para triplicar la ciudad, pero en la sala no hay recepción ni ficha que rellenar. Escribes un nombre, pulsas para acceder y ya estás dentro. No hace falta registro ni correo, y desde el móvil va igual que desde el ordenador.
Del faro a las Torretes
Al oeste del núcleo, las colinas caen a plomo sobre el mar en lo que aquí llaman Las Rocas. Allí está el faro, levantado en 1859, y a su lado las Torretes: las antiguas torres del telégrafo, que transmitían mensajes con banderas y palas de madera. Por encima queda el Turó de la Punta de Garbí, 421 metros, el punto más alto del término municipal.
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