
Chat de Argentona
Más de doscientas fuentes repartidas por el término, alguna con gas carbónico propio, y un museo del cántaro con cuatro piezas hechas por Picasso.
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Lo primero que hay que saber de Argentona es que en su término hay más de doscientas fuentes, y que algunas manan agua con pequeñas cantidades de gas carbónico. La más conocida es la Font Picant; también la Font de Ferro, que se llama así por la gran concentración de hierro de sus aguas. Hasta los años setenta el agua de algunas se embotellaba y se vendía. Cuando el negocio se acabó y fueron quedando cada vez menos agricultores para mantenerlas, muchas cayeron en el abandono; desde los ochenta, el Grup de Fonts d'Argentona se dedica a restaurarlas, reconstruirlas y hasta abrir alguna nueva.
El núcleo se agrupa en la margen derecha de la riera de Argentona, alrededor de la elevación donde se levantó la iglesia gótica de San Julián, del siglo XVI, con una capilla del Santísimo diseñada por Josep Puig i Cadafalch. El arquitecto veraneaba en el pueblo y su casa de verano es hoy museo municipal.
Cómo entrar
Como se bebe de una fuente: se llega y se bebe. Escribes un nombre, entras y ya estás dentro. Ni registro ni correo.
El Museu del Càntir
El otro museo municipal es el del Càntir, dedicado a la cerámica y la alfarería tradicionales del agua. Lo que se expone son cántaros y botijos, desde piezas de la Edad del Bronce hasta cuatro ejemplares hechos por Pablo Picasso. Tiene todo el sentido en un pueblo que vivió del agua durante décadas y que, a mediados del siglo XX, fue durante más de treinta años un centro de veraneo importante. Sant Miquel del Cros, tres kilómetros riera abajo, y las urbanizaciones repartidas por los montes de ambos lados (Les Ginesteres, Can Cabot, Can Raimí, Sant Pere de Clarà) hacen de Argentona un municipio más disperso de lo que parece desde la plaza.
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