
Chat de Manzanares
Encrucijada de caminos entre la A-4 y la A-43, con el castillo de Pilas Bonas, el río Azuer y una encomienda tan rica que la llamaron «loca».
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La Orden de Calatrava levantó aquí una torre de vigilancia hacia 1239, en la frontera con los dominios de Santiago, y a su sombra fueron instalándose los colonos: así nació Manzanares, que alcanzó la categoría de villa en tiempos de los Reyes Católicos. La encomienda daba tantas rentas que en la propia orden la llamaban «la Encomienda Loca», y nobles y miembros de la familia real se disputaron su control vitalicio. De aquel castillo de llanura, rebautizado en pleno Romanticismo como Pilas Bonas, y de la muralla de tapial que el maestre Juan Núñez de Prado acordó en 1352 y nunca llegó a terminarse, arranca buena parte de la memoria local. El pueblo se asienta en llano, a orillas del Azuer, con la sierra Pelada al suroeste haciendo de linde con el Campo de Calatrava.
Cómo entrar
Si la villa se ganó el apodo de «encrucijada de caminos» por el cruce del norte-sur con el este-oeste, la sala funciona parecido: se entra sin registro, se elige un apodo y ya estás dentro, hablando con manzanareños o con quien pase por ahí.
De la Encomienda Loca a la fábrica de baterías
Manzanares no vive solo del campo ni del vino. Su polígono industrial es enorme comparado con el de los municipios vecinos, y en él está la antigua factoría de acumuladores Tudor, hoy Exide Technologies, inaugurada en mayo de 1978 y con unos 400 empleados. Al patrimonio se suma un episodio de manual de historia: el manifiesto de Manzanares, redactado aquí por un joven Antonio Cánovas del Castillo y firmado por Leopoldo O'Donnell el 7 de julio de 1854, que pedía reforma de la ley electoral y la de imprenta y rebaja de impuestos. La documentación se conserva en la biblioteca Lope de Vega.
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