
Chat de Los Corrales de Buelna
Las estelas gigantes de Barros y las trefilerías de Quijano: en la vega del Besaya conviven la prehistoria cántabra y la metalurgia.
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El municipio se llamó simplemente Los Corrales hasta 1916. Ese año le añadieron «de Besaya» y, en diciembre, rectificaron: Los Corrales de Buelna, por el valle histórico que formaba junto a San Felices. De ahí también viene el escudo, con las siete flores de lis de Pero Niño, conde de Buelna, y una estela gigante de oro.
Porque las estelas son lo que primero se enseña aquí. Las de Barros y las de Lombera son prerromanas, y el Parque de las Estelas, en Barros, está declarado bien de interés cultural, igual que el santuario de Nuestra Señora de las Caldas, en Las Caldas de Besaya. La otra mitad del relato es industrial: en el palacio de Quijano, en la zona de la Rasilla, nació José María Quijano Fernández-Hontoria, fundador de Nueva Montaña Quijano, y fue él quien impulsó el colegio de La Salle para formar a los trabajadores de las Trefilerías. La metalurgia y la química siguen siendo, con la ganadería y la avicultura, el sostén económico del valle.
Cómo entrar
En Los Corrales, para jugar a los bolos hace falta bolera; para entrar en la sala, solo un apodo. Se escribe y se entra, sin más papeleo.
Del velódromo a la bolera
Para ser un municipio de once mil habitantes, Los Corrales tiene un equipamiento deportivo desproporcionado, y lo dicen sus nombres propios: el velódromo José Antonio González Linares, en Barros, y el complejo Luis Andrés Samperio Sañudo, con piscinas, pista de atletismo, frontón, pabellón y una bolera cubierta bautizada como Facundo «Cundi» Ceballos. El campo de fútbol de césped artificial lleva el nombre de «Uco» Iglesias.
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