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La Villa de los satauteños, a 520 metros y a un paso de la caldera de Bandama: vinos del Monte Lentiscal y la semana en que fue capital de Gran Canaria.

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Los vecinos de Santa Brígida se llaman satauteños, y el gentilicio viene de Sataute, el asentamiento aborigen que hubo aquí antes de la conquista. El municipio es el tercero más pequeño de Gran Canaria, 23,8 km² rectangulares, y casi todo su territorio cae en la cuenca del barranco Guiniguada, lo que explica un relieve tan quebrado. En sus límites está la caldera de Bandama, una caldera de explosión de un kilómetro de diámetro y 220 metros de profundidad; buena parte del suelo municipal quedó cubierto de picón por esa etapa volcánica reciente.

En 1599 pasó lo que nadie esperaba en un municipio tan tranquilo: las milicias que estaban en la Vega derrotaron a las tropas del pirata neerlandés Van der Does, que venía de saquear La Gomera y Santa Cruz de La Palma. Las instituciones de la isla se refugiaron aquí y Santa Brígida fue capital y cuartel general durante una semana. El escudo, aprobado en 1955, aún lleva la leyenda "Por España y por la Fe vencimos al holandés".

Cómo entrar

La sala se abre igual que se sube por la GC-4 desde la capital: en un momento y sin trámite. Se elige apodo, se entra y a hablar.

El vino del Monte Lentiscal

Hasta 1960 esto vivía del campo. Después, el clima y la cercanía al campus de Tafira y a Las Palmas convirtieron muchas fincas en zonas residenciales, aunque el regadío hortícola sigue abasteciendo a la ciudad. Lo que no se ha movido es el vino: los viñedos del monte Lentiscal, con denominación de origen propia, dan algunos de los mejores caldos de la isla, y hay una ruta que recorre bodegas, lagares y parras del municipio. Otro dato de vecindad: hasta 1801 San Mateo era un barrio más, la Vega Alta.

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