
Chat de Río Gallegos
La sala de Río Gallegos conecta con la puerta de la Reserva Faunística Cabo Vírgenes, donde entre octubre y abril anidan más de 150.000 pingüinos magallánicos.
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La sala de Río Gallegos reúne sobre todo a gente de la capital de Santa Cruz, la ciudad más poblada de la provincia y la ciudad continental más austral de Argentina. Ahí escriben quienes guían turistas hacia la Reserva Faunística Cabo Vírgenes o hacia la laguna Azul, trabajadores de las estancias de los alrededores y vecinos que llevan toda la vida discutiendo sobre un viento que no da tregua.
El estuario donde nace la ciudad alberga miles de aves residentes y migratorias, y un poco más al sur, entre octubre y abril, la Reserva Faunística Cabo Vírgenes recibe a más de 150.000 pingüinos magallánicos, una de las mayores pingüineras de Sudamérica. El nombre de la ciudad tampoco es casual: lo dejó Blasco Gallegos, piloto de la tripulación que completó la vuelta al mundo que empezó Fernando de Magallanes y terminó Juan Sebastián Elcano tras la muerte del primero en Filipinas.
Cómo entrar
Entrar a la sala de Río Gallegos no lleva más de un minuto: se escribe el apodo que uno quiera, se pulsa el botón de entrada y ya se está dentro, sin cuentas ni registro de por medio.
El pueblo chileno que duró seis semanas
Antes de que existiera la ciudad argentina, en el mismo sitio hubo un intento de asentamiento chileno. El 4 de marzo de 1873, el gobernador de Magallanes, Óscar Viel y Toro, fundó allí «Puerto Gallegos» por encargo del ministro Adolfo Ibáñez Gutiérrez. El intento no duró ni dos meses: seis semanas después, un acuerdo diplomático entre Chile y la Nación Argentina dejó el territorio del lado argentino, y de aquel asentamiento chileno no quedó nada más que la anécdota.
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