Una condición pulmonar rara, vinculada al diacetilo, destruye los bronquiolos y no tiene cura. Su origen industrial y su expansión con el vapeo preocupan a las autoridades sanitarias.
Una enfermedad pulmonar silenciosa, conocida como pulmón de palomitas de maíz, avanza sin que muchos afectados identifiquen sus primeros síntomas. Se trata de la bronquiolitis obliterante, una patología irreversible que obstruye las vías respiratorias más pequeñas del pulmón y que, en casos graves, puede derivar en insuficiencia respiratoria. Su nombre no es casual: surgió tras detectarse en trabajadores de una fábrica de palomitas para microondas a finales del siglo XX, expuestos al diacetilo, un compuesto químico usado para dar sabor a mantequilla a los alimentos procesados. Hoy, el mismo químico aparece en cigarrillos electrónicos, tabacos aromatizados e incluso en el proceso de tostado del café, ampliando el riesgo más allá de los entornos industriales originales.
Daño invisible en los bronquiolos
La enfermedad ataca los bronquiolos, conductos microscópicos encargados de distribuir el aire hacia los alvéolos, donde se produce el intercambio de oxígeno. Cuando el tejido pulmonar sufre una agresión —por inhalación de sustancias tóxicas como el diacetilo—, el organismo intenta repararlo, pero en la bronquiolitis obliterante ese proceso se descontrola. En lugar de sanar, el cuerpo genera cicatrices que estrechan y bloquean los bronquiolos, impidiendo el paso del aire. La American Lung Association advierte que, sin intervención, el daño progresa y puede volverse incapacitante.
Los síntomas iniciales —tos seca, silbidos al respirar, fatiga y falta de aire— suelen confundirse con asma, bronquitis o incluso el desgaste físico por envejecimiento. Esta similitud retrasa el diagnóstico, crucial para frenar el avance de la enfermedad. Aunque no existe cura, tratamientos como broncodilatadores o corticosteroides pueden aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida.
Evidencia científica y riesgos actuales
Investigaciones recientes han profundizado en los mecanismos celulares de la enfermedad. Un estudio en Frontiers in Pharmacology demostró que el diacetilo provoca inflamación, acumulación de colágeno y obstrucción progresiva de los bronquiolos en modelos animales. Además, altera el sistema ubiquitina-proteosoma, responsable de eliminar proteínas dañadas dentro de las células. Cuando este sistema falla, los desechos celulares se acumulan, agravando la lesión pulmonar. Los resultados mostraron que una sola exposición al químico bastó para desencadenar cambios patológicos irreversibles.
Otro trabajo, publicado en Archives of Toxicology en 2021, expuso a ratas al vapor de diacetilo durante cinco días. Los animales desarrollaron hipoxemia —falta de oxígeno en la sangre— y daños pulmonares visibles incluso dos semanas después de suspender la exposición. Mediante análisis proteómico, los investigadores identificaron 519 proteínas alteradas en las células pulmonares, confirmando el impacto profundo y duradero del compuesto.
Aunque el diacetilo ya no se usa en la industria alimentaria como antes, su presencia en productos de vapeo y tabaco aromatizado mantiene en alerta a las autoridades sanitarias. La enfermedad, antes limitada a entornos laborales específicos, ahora amenaza a un espectro más amplio de la población, especialmente entre quienes desconocen los riesgos de inhalar estos químicos.