
Chat de Alovera
El pueblo de la cupa romana de Pompeyo Fusco y de las fíbulas de oro del siglo VI que hoy custodia el Museo Arqueológico Nacional.
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En unas obras en la iglesia de San Miguel apareció en 1999 una cupa romana, un monumento funerario de los siglos I o II dedicado a Pompeyo Fusco, muerto a los 60 años, que mandó levantar su esposa Antonia Melusa. De la etapa visigoda quedan las célebres fíbulas de Alovera, dos broches aquiliformes de oro, bronce y vidrio trabajados con la técnica del cloisonné en el siglo VI, hoy expuestos en el Museo Arqueológico Nacional. La propia iglesia de San Miguel, levantada entre 1569 y 1587 por el maestro Nicolás de Ribero y con la bóveda cerrada en 1690, guarda un retablo mayor manierista firmado por los hermanos González.
En 1626 Felipe IV concedió a la localidad el título de villa con el nombre de Villahermosa de Alovera y acto seguido la vendió a Lorenza de Sotomayor, primera marquesa de Villahermosa. De aquel pueblo agrícola de apenas 1.300 vecinos en los años noventa no queda casi nada: la cercanía a Guadalajara y Madrid disparó la población por encima de los 14.000 habitantes, con la fábrica de cervezas Mahou en las afueras como emblema de su viraje industrial.
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Aloveranos de siempre y recién llegados
Alovera se decuplicó con vecinos venidos de fuera, y la sala lo nota: coinciden los aloveranos de toda la vida con quienes se instalaron en las urbanizaciones nuevas. Se habla de los turnos en Mahou, de los desplazamientos diarios a Azuqueca o Guadalajara y de todo lo que se cuece en un pueblo que ha cambiado de tamaño en una generación.
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Azuqueca de Henares