Decenas de jóvenes marroquíes regresan a Castillejos tras cruzar a Ceuta, donde la saturación y los controles policiales les obligan a abandonar. España instala una barrera flotante en el mar.
La ciudad marroquí de Castillejos amanece con decenas de personas tendidas en jardines y soportales, exhaustas tras el intento fallido de cruzar a Ceuta. Entre ellos, Simo, un joven de Tánger que llegó a la frontera española el pasado jueves junto a miles de migrantes, pero que ahora camina descalzo y sin pertenencias de vuelta a Marruecos. «Hemos vuelto porque la frontera está saturada», explica mientras señala las cicatrices en sus brazos, recuerdo de su trabajo en el campo. Junto a dos desconocidos que se convirtieron en compañeros de viaje, relata cómo Ceuta se colapsó en cuestión de horas: calles abarrotadas, comercios cerrados y escasez de alimentos y agua. «No había dónde quedarse», resume con resignación.
El regreso masivo ha sido evidente. Según datos del Gobierno español, más de 48.300 de las más de 50.000 personas que entraron en Ceuta en los últimos días ya han sido devueltas. En Castillejos, las fuerzas de seguridad marroquíes refuerzan los controles, mientras los jóvenes que aún resisten en la zona observan con preocupación la nueva barrera flotante de 500 metros que España ha instalado en el espigón de El Tarajal. Una estructura naranja, visible desde la costa marroquí, que el presidente Pedro Sánchez justificó como un «elemento administrativo» para facilitar las repatriaciones en frontera. Organizaciones de derechos humanos, sin embargo, alertan de que podría ser un intento de reanudar las devoluciones en caliente, una práctica declarada ilegal por el Tribunal Supremo.
Desde la playa, algunos migrantes intentan cruzar a nado, a pesar de los gritos de advertencia de quienes ya lo han intentado. «No lo hagáis, no merece la pena», clama uno de los amigos de Simo. Pero la desesperación persiste. «Ya está bien», murmura Simo, mientras se aleja de la frontera. En Castillejos, la vida sigue paralizada, con decenas de personas durmiendo bajo los árboles, esperando una oportunidad que, por ahora, parece cada vez más lejana.