Del césped al bandoneón: la vida de Hernán Castiello, exfutbolista y voz del tango

A los 57 años, Hernán Castiello, conocido como Cucuza, combina la pasión por el fútbol y el tango: exjugador profesional que compartió vestuario con Redondo y Maradona, ahora destaca en los escenarios tangueros.

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Futbolista pateando el balón en el campo de juego

Hernán Castiello, mejor conocido como Cucuza, nació hace 57 años y desde la infancia dividió su tiempo entre el balón y la música. A los seis años ya jugaba al fútbol en la categoría "baby" y, simultáneamente, cantaba tangos en reuniones familiares. La dualidad se mantuvo hasta la adolescencia, cuando a los 16‑17 años tuvo que elegir entre los entrenamientos intensivos y las presentaciones nocturnas. Decidió priorizar el deporte, consciente de la corta vida de un futbolista y de la posibilidad de retomar la música más adelante.

La carrera en la cancha

Cucuza se formó en el Club Parque y pasó a las inferiores de Argentinos Juniors, clubes que él describe como "semilleros de buen pie". Jugaba de mediocampista, aunque también se aventuraba como delantero, impulsado por la competitividad de compañeros como Fernando Cáceres. En sus primeros años compartió vestuario con figuras como Fernando Redondo, Fernando Cáceres y Leonel Gancedo. En la categoría 69, la cercanía con Diego Maradona se volvió cotidiana: los fines de semana el astro visitaba el entrenamiento y, en ocasiones, el joven futbolista alojaba al Diez en su casa de Cantilo, en el barrio Devoto.

El encuentro después del Mundial del 86

Uno de los recuerdos más vívidos de Castiello es la visita de Maradona a la casa de Cantilo tras el Mundial de 1986. Según relata, había alrededor de 300 personas en la puerta. Cuando el propio Maradona apareció, lo recibió con un abrazo y una breve conversación que quedó grabada en su memoria. "No supe qué decir, él simplemente me vio y me abrazó", recuerda.

El giro inesperado

A los 25 años una lesión obligó a Castiello a colgar los botines. La pausa forzada le permitió regresar al tango, disciplina que había practicado desde la niñez. Con una voz que combina la profundidad del bandoneón y la energía del rock nacional, ha logrado adaptar letras icónicas al ritmo del 2x4, convirtiéndose en una de las voces más reconocibles del género. Hoy recorre escenarios de distintos tamaños, manteniendo viva la conexión entre el fútbol y la música, dos facetas que él define como "mis dos pasiones".

Un legado en dos mundos

Aunque la carrera futbolística terminó prematuramente, la experiencia en el deporte le dejó un código genético que se refleja en su presencia escénica. La disciplina, el trabajo en equipo y la pasión que vivió en la cancha ahora se traducen en cada presentación, demostrando que el arte y el deporte pueden coexistir bajo la misma bandera.

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