
Chat de Llanes
Cuarenta playas de arena, los bufones que escupen agua del mar por lo alto de los acantilados y la sierra del Cuera cerrando el concejo por el sur.
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Llanes ocupa la esquina oriental de Asturias, entre el Cantábrico y la sierra del Cuera, con los Picos de Europa asomando por detrás. Son 263 km² y cerca de 30 kilómetros de costa en los que se abren cuarenta playas de arena, repartidas por las aldeas del concejo: Barro, Celorio, Poo, Cué, Andrín, Vidiago, Pendueles, Buelna. Algunas son playas interiores, formadas tras el acantilado, y el agua del mar les entra por pequeñas cuevas. La villa, que ostenta el título de «muy noble y leal», se asienta a orillas de la ría que forma el río Carrocedo al desembocar, y su puerto mantiene alguna actividad pesquera.
La otra cara del concejo es la montaña caliza, con Peña Blanca (1.182 m) como techo. Debajo hay valles verdes dedicados al pastoreo, como el de La Llosa de Viango, el de mayor extensión, y un karst plagado de cuevas: los sistemas de Las Bolugas-Caldueñín, bajo El Mazucu, el de Rales o el Cuevón de Pruneda los exploraron por primera vez de forma sistemática espeleólogos del Club de Espeleología de la Universidad de Oxford.
Cuarenta playas, una sala
Se pone un nombre y se entra, sin registro ni correo. Lo mismo desde la villa que desde cualquiera de las 28 parroquias del concejo.
Los bufones de Pría
En varios puntos de la costa llanisca hay bufones: agujeros abiertos por la erosión a pocos metros del borde de ciertos acantilados y comunicados con el mar, por los que sale disparada una columna de agua pulverizada por efecto de la presión de las olas. Los más famosos son los de Pría, los de Arenillas, el de Santiuste y el de Santa Clara. Hay que ir con mar movida, y con respeto: el suelo está agujereado. La marea, por cierto, mueve hasta cuatro metros entre bajamar y pleamar en las vivas.
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